Conferencia
Vicente Beltrán Anglada

[edición en curso]

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La verdad ha de presentarse de tal manera, que convenza sin atar y que atraiga aun sin convencer. Esto sólo puede realizarlo el lenguaje del corazón.

[VBA: Introducción al Agni Yoga, p. 49]

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Conversaciones Esotéricas

SNE

La Iniciación

Barcelona, 8 de abril de 1978

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Barcelona, 8 Abril 1978. —Conversaciones Esotéricas: La Iniciación. "La Iniciación implica la Revelación de un secreto, el descubrimiento de un Misterio y la Conquista de una Dimensión." El Triángulo Equilátero o Símbolo del Equilibrio y su analogía al proceso Iniciático, y la Historia del Planeta y el Ser Humano. Los diferentes tipos de Triángulos en los Aspirantes, Discípulos e Iniciados. El Momento de la Integración y la entrada en la Corriente Iniciática. Conceptos de las Iniciaciones Superiores. La Etapa del Sacrificio en el Iniciado. Sobre la Categoría Espiritual. El Mito de los Prometeos o Ángeles Solares. La Intuición y el 5º Reino. El Libre Albedrío es lo que separa al Hombre de Dios. La Amplitud del Karma que llega hasta el propio Dios. Sobre la Bondad y la Belleza. El Sentido y el Momento de la Invocación.


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Vicente.— Vamos a iniciar nuestra conversación de hoy haciendo una breve referencia a cuanto dijimos el mes anterior. Como ustedes recordarán hablamos acerca del proceso de redención, haciendo un énfasis especial acerca del significado absolutamente científico del término que se escapa de la concepción meramente religiosa que hemos sostenido hasta aquí, y llevando este espíritu de redención al seno mismo en donde se gesta la estructura física de nuestro Universo, es decir, el elemento químico, teniendo en cuenta que un elemento químico es una entidad auto consciente perteneciente a una corriente de vida hasta aquí desconocida, pero tan absolutamente completa como es la evolución dévica o la evolución humana. Todos los elementos químicos de nuestro Sistema Solar, no solo del plano físico sino también de los demás planos: plano astral, plano mental, plano búdico, etc., están constituidos por elementos químicos. La densidad de un elemento químico define su grado de evolución, y el grado de evolución de los elementos químicos de no importa qué cuerpo físico, mental o emocional de cualquier ser humano, indica el grado de evolución del ser humano. Así que el principio de redención, en lo que a la estructura meramente física compete, vendrá determinada por el ejercicio de las funciones del espíritu, por la sabia organización mental del individuo y por la capacidad de extraer substancia etérica del plano físico e introducirla conscientemente dentro del núcleo de la substancia que llamamos elemento químico.

Dijimos también –ustedes lo recordarán– que redención, técnicamente descrita, es sutilización de la materia en no importa qué nivel del Universo. Indica también introducción de luz en la substancia, y todo este proceso nos lleva a la conclusión de que la evolución del Universo está regida constantemente por el principio de redención. Y tal como les anuncié, hoy vamos a referirnos, a partir de este proceso de redención, a uno de los temas más esotéricos que enfrenta la mente investigadora del ser humano, es el tema de la iniciación.

Iniciación –técnicamente descrita– implica la revelación de un secreto, el descubrimiento de un misterio y la conquista de una dimensión, así, en este orden. Implica constantemente una pérdida constante de peso –un término científico por excelencia– de cada uno de los cuerpos específicos con los cuales expresamos nuestro espíritu; implica también un esfuerzo por parte del individuo que quiere introducirse, mediante un esfuerzo sostenido, mediante un sacrificio permanente, dentro de aquello que místicamente llamamos los Misterios del Reino. ¿Qué es exactamente el Reino de Dios? Simplemente, a la manera científica, (es) una dimensión que debemos conquistar, a partir de la cuarta dimensión, que tratamos actualmente de dominar, introducirnos en la quinta dimensión y conquistar el secreto de las edades, o sea, el secreto que puede ser descrito con aquella triple interrogante del hombre, del ser humano, de: ¿quién soy?, ¿de dónde procedo? y, ¿adónde me dirijo? Iniciarse en los misterios sagrados implica el sacrificio constante de nuestra personalidad, la pérdida de todo egoísmo, el desarrollo de nuestra capacidad mental para investigar, una humildad exquisita y el poder de síntesis.

Cuando hablamos de iniciación a un grupo de personas interesadas en las cosas esotéricas, ya sabemos que se lo tenemos que decir en un sentido de esfuerzo y de disciplina, teniendo en cuenta que la disciplina no es algo estereotipado, algo rígido e inflexible, sino que es la capacitación permanente del individuo frente a la sociedad que le rodea, tratando de ser consciente en todos y cada uno de los niveles de su ser, extrayendo constantemente mediante su capacidad analítica el jugo sabroso de su experiencia. Otra forma de describir la iniciación es el acopio de experiencia por medio del equilibrio del yo. Si pudiésemos demostrar objetivamente el sentido de la iniciación, bastaría solamente describir un triángulo equilátero, teniendo en cuenta que el triángulo no es solamente una figura geométrica tal como la conocemos sino que es el símbolo del equilibrio, cuando el individuo comprende por ese espíritu de investigación con que la naturaleza lo ha dotado, que hay algo más y por encima de su posición actual como observador, que puede ir siempre más allá de las metas que el hombre constantemente se está trazando, cuando comprende por el ejercicio de la función analítica y espiritual que la meta como perfección no existe, que la perfección no es sino un devenir constante, un eterno ahora que debemos tratar de vivir con toda la intensidad de nuestro ser, ya estaremos introduciéndonos en lo que podemos definir como proceso iniciático. Estamos tratando de ser completamente en el mundo del existir y cuando comprendamos la real diferencia que existe entre el ser y el existir, entre el mero permanecer y el estar constantemente en el Reino de Dios, sabremos exactamente lo que es un ser humano y el porqué nuestro planeta ocupa el lugar central de la evolución, el más interesante y, desde el punto de vista del Logos Solar –hacemos referencia la más alta potestad de nuestro Universo– es el centro de la evolución del Universo, es la representación del Cosmos. Cuando el individuo empieza a comprender por el ejercicio analítico, por el examen reflexivo y por una técnica cada vez más depurada de la lógica, que su misión no es permanecer sino que su misión es un constante devenir, está introduciéndose ya en los misterios del 5º Reino de la Naturaleza.

Hablamos de iniciación en un sentido que pueda ser perceptible a nuestra mente intelectual, lo cual resulta difícil habida cuenta de que cada iniciación nos introduce en una nueva dimensión de la naturaleza. Cuando el individuo rectamente orientado, con buena voluntad, ha logrado equilibrar su cuerpo físico al extremo de poder extraer del subplano subatómico del plano físico las energías de purificación o de redención, entra en aquello que podemos decir la 1ª Iniciación. Esta iniciación está representada gráficamente en la constitución misma del Universo.

Cuantos de entre ustedes estuvieron presentes cuando nos referíamos a la absoluta temática de los Siete Rayos, recordarán que hablamos de una posición estelar, astrológica –si ustedes me los permiten– constituida por la Constelación del Can, la Constelación de la Osa Mayor y la Constelación de las Pléyades, en aquél momento había un triángulo equilátero perfecto entre estas tres constelaciones, y del centro mismo irradiaba una fuerza del 3er Logos Cósmico, que luego se convertiría en el cuerpo físico de nuestro Logos Solar. Para que la conjunción fuese completa, para que existiese un perfecto acorde, de una de las estrellas de la Constelación del Can –o del perro–, como también se la denomina (para que) pudiese abordar el tremendo sacrificio de la 1ª Iniciación del Logos Solar –hizo conciencia en la nebulosa un gran Adepto de la estrella Sirio, que pertenece a la Constelación del Can. Fue, por así decirlo, la introducción en nuestro Universo del proceso iniciático. Ustedes dirán que nos vamos muy lejos para hablarle al hombre más de cerca, yo digo que esta es la ley esotérica. La ley esotérica es captar un conjunto de valores universales y aplicarlos después al individuo, de manera que el individuo constantemente se dé cuenta de que constituye una parte consciente del Cosmos absoluto, y tal es el principio iniciático: una conciencia de adaptación a las grandes verdades cósmicas que nuestra mente va constantemente adquiriendo.

Otra iniciación más cercana a nosotros, teniendo en cuenta siempre que la iniciación siempre obedece a una posición triangular de alguna constelación o de algunos planetas, trayendo a la vida una nueva dimensión o una nueva oportunidad de redención, o un nuevo poder de síntesis para dominar la materia. Así, cuando pasada la mitad de la tercera raza, la raza Lemuria, el hombre, que entonces era un gigantesco animal, sin mente, que se había adueñado de la Tierra pero que carecía de la mente, los Pitris le habían concedido el cuerpo –los Pitris son los adeptos de la Luna, de la cual provenimos en forma substancial–, los Pitris nos concedieron también el cuerpo emocional y, también, un principio de mente; solamente el principio, pero sin resonancia. Según se nos dice, la evolución seguiría su curso natural y, a partir del reino mineral, llegaría un momento en que se alcanzaría la conciencia humana y se pasaría también a la otra dimensionalidad, o al quinto reino de la naturaleza, para proseguir adelante en ese sistema de valores psicológicos trascendentes. Pero, hay un principio, también, muy bien descrito por Pablo de Tarso en sus famosas palabras a los Corintios que dice: “El Reino de Dios puede ser arrebatado por la violencia”, significa que si el individuo, que si la naturaleza realiza un esfuerzo, puede acelerar el curso de la evolución y realizar en un tiempo breve aquello que, según el orden natural u ordinario, tardaría muchos millones de años. Las potestades cósmicas que están presidiendo nuestro Sistema Solar, allende nuestra razón y entendimiento, decidieron realizar en la Tierra idéntico proceso que el que había motivado la 5ª Iniciación en el planeta Venus y entrando, así, rápidamente en la 5ª Ronda… Como hay una identidad de principios entre el planeta Venus y su humanidad, y el planeta Tierra, así también como Mercurio formando un triángulo, se creyó, porque siempre es la humanidad la que da la última palabra, el visto bueno, podemos decir, para entrar conscientemente en el reino humano, nos referimos al hombre gigantesco que poblaba la Tierra en aquellos momentos de gran tensión planetaria. Entonces, analizando la quinta estancia de “Dyzán”, hay algo profundamente explicativo acerca del proceso de la iniciación planetaria cuando nos habla de una manera directa, sin paliativos, que del planeta Venus descendieron [es un término científico] a la Tierra aquellas entidades que serían los portadores de conciencia humana y los que introducirían más tarde, merced a los Ángeles Solares, el principio de autoconciencia en el individuo y por primera vez en la historia del planeta el ingreso en las tareas de la evolución del cuarto reino, el reino humano. Entonces, tomándolo en un sentido muy figurativo, o muy objetivo, como lo de las naves extraplanetarias, por ejemplo, o tomándolo con un sentido muy esotérico, como de conciencia de participación por medio de la luz y del dominio que de la luz tienen los Adeptos, ciento diez entidades del planeta Venus entraron en el aura de la Tierra, coincidiendo en aquello que en geografía se denomina la Isla Blanca, en el mar de Gobi, ahora un desierto, y desde allí empezó el ritmo de la evolución planetaria que traería más tarde el reino humano. Dense cuenta de una particularidad: tenemos en la segunda mitad de la tercera raza lemur un hombre que lo tiene todo, excepto la mente, excepto el poder de coordinar; el hecho de que vengan los Señores de la Llama, Sanat Kumara, el Señor del Mundo –tal y como se conoce actualmente– viene precisamente porque en el fondo del corazón de aquel hombre, o semi-hombre, como queramos llamarlo, había un ansia suprema de libertad y, como la libertad es el fruto de la percepción directa de las cosas, sin mente no se puede captar esta realidad, y es entonces cuando se produce el hecho de que la Jerarquía Planetaria inicia en la Tierra el reinado de la aceleración del movimiento evolutivo de este Esquema, el Esquema Terrestre. Si aprovechan, ustedes irán viendo en los triángulos una óptima posición de las constelaciones de Sagitario, de Géminis y de Cáncer. Dense cuenta, Géminis es una constelación típicamente masculina y Cáncer, genuinamente femenina, siendo el poder superior Sagitario, el más viejo de nuestro Universo, el más adelantado, aquel que se llama el Padre, después de Dios, el primero, el que inicia en la Tierra actuando sobre el Logos Planetario la 2ª Iniciación, que le corresponde a la Tierra. Anteriormente, a través de las edades, tenemos, ya, un principio de redención antes de que existiese en la Tierra ninguna raza todavía. Coincidiendo con esta 2ª Iniciación, con la cual el Logos Solar empieza a hacer sentir su presión sobre nuestro planeta, se abren las perspectivas de otra oportunidad que es la que abre el camino de los Ángeles Solares, aprovechando también una posición triangular, ya no a nivel de constelaciones sino a nivel de planetas, vemos que cuando pasado cierto tiempo, cuando Sanat Kumara y los Señores de la Llama y aquellas potestades provenientes de Venus, pudieron introducir el germen del amor universal en nuestro planeta, o creando, ya, un cuerpo emocional capaz de ser sensible a lo bello, de ser sensible a todo cuanto rodeaba, se precisaba el tercer elemento de un triángulo, que es la capacidad de darse cuenta de todo aquello que estaba ocurriendo. De qué nos sirve la felicidad si no somos conscientes de ella. ¿Se dan cuenta? Entonces, una óptima posición, vamos a decir que se produjo hace unos dieciocho millones de años, uno más o menos, tampoco lo podemos comprobar, ¿verdad?, entre el planeta Júpiter, Mercurio y Venus, precisamente, trae como consecuencia una respuesta del propio Logos Solar, el cual se nos dice, realizando un gran sacrificio extrae de los pétalos de Su corazón –palabras místicas– aquellas entidades que constituían un centro creador de su propia estructura psicológica, que son denominados por la tradición esotérica como los Agnischaytas, o los Ángeles Solares. Lo Ángeles Solares, por un procedimiento que desconocemos, porque conocemos muy poco de la Luz y de cómo puede ser gobernada la Luz, descienden de los altos lugares –tal y como dicen las Upanishads– y penetran en la conciencia de los hombres-animales, introduciendo en esta incipiente mente el principio de la autoconciencia, el principio de la individualidad y, desde aquel momento, el hombre posee un alma, una alma capaz no sólo de actuar y de sentir, sino también de darse cuenta de que actúa y de que siente y de que piensa. No sé si se darán cuenta que en el cuerpo gigantesco de la Tierra, a través de Aquél que es Su regente, Sanat Kumara, implica el desarrollo también, como en la iniciación normal del individuo, de un centro o chacra etérico caracterizado con el poder de la autoconciencia y el poder de emitir voces sagradas, me refiero, exactamente, (a) que el nacimiento del reino humano, que la entrada en la evolución del 4º Reino o Humanidad, trae como consecuencia el desarrollo del tercer chacra, el chacra Laríngeo del Logos Planetario. Así que, desde entonces, la humanidad como un todo es y constituye el chakra laríngeo del Logos Planetario. Trabajamos por el Logos Planetario, somos el Logos Planetario. Igual podemos decir nosotros –hablando en términos de alma– a la cantidad de elementos químicos que constituyen nuestro chakra laríngeo, la misma posición, y esto se va demostrando, por analogía, cuando el individuo va adquiriendo las sucesivas encarnaciones, o iniciaciones, que a través de las encarnaciones sucesivas lo llevan a lo más alto de la naturaleza.

Se preguntarán si puede ser práctico el que estemos refiriéndonos a conceptos aparentemente muy abstractos. Estamos hablando, digo yo, en forma muy esotérica, y si decimos que hablando de lo grande es cuando empezamos a evocar en nuestra vida a aquella parcela de conciencia superior o monádica que debe presidir la iniciación, tenemos que dar por bien empleado todo cuanto estemos investigando sobre este punto. La atención que ustedes prestan es interés iniciático –permítanme que les diga esto–. De no ser así, ustedes no estarían aquí, ni yo tampoco. Estamos introduciéndonos en los misterios del reino y el día que comprendamos el valor místico de la figura geométrica del triángulo equilátero, ya estaremos en el principio de la propia redención que trae iniciación. ¿Cuándo en la vida del ser humano se produce la iniciación?, sencillamente cuando a partir de su Alma, a partir de su yo psicológico, empieza a controlar sus mecanismos de expresión: la mente, el vehículo emocional y el cuerpo físico. Las condiciones para la iniciación no han sufrido ninguna variación a través de las edades, se le exige al candidato constantemente tres cosas fundamentales: meditación, servicio y sacrificio. Al hablar de meditación no me refiero, naturalmente, a los diez minutos, los veinte minutos de meditación diaria y después olvidamos todo, sino a aquel permanente sentido de investigación o de atención que ha de presidir todos y cada uno de nuestros actos. Por el grado de atención y desde el ángulo de vista esotérico tenemos a los aspirantes espirituales, tenemos a los discípulos –en sus diferentes modalidades– y tenemos a los iniciados. ¿Qué es lo que caracteriza a cada uno de estos grupos? El iniciado, desde el centro de sí mismo, desde el centro de su yo, está gobernando de una manera sabia e inteligente su cuerpo físico, su cuerpo emocional y su cuerpo mental. Siempre el iniciado es un triángulo equilátero visto a través de su proyección psicológica. Lo que caracteriza a un discípulo, en sus distintos grados, es la capacidad que tiene de dominar dos de sus aspectos; y el aspirante, aquel que empieza a controlar perfectamente uno de los aspectos. Hablando en forma geométrica, al aspirante le corresponde el triángulo escaleno, al discípulo el triángulo isósceles y al iniciado el triángulo equilátero. De ahí la importancia que se da en iniciación a la forma geométrica que adoptan ciertos astros y ciertas constelaciones en momentos cumbres, porque el principio de iniciación no es solamente algo que corresponde al ser humano que va creciendo bajo el lema de que “el cielo puede ser arrebatado por la violencia”, sino porque es un proceso cósmico al que deben forzosamente adaptarse todas las entidades psicológicas, señores de mundos y de sistemas y aún de galaxias. Si para la bendición que produjo la iniciación del Logos de la Constelación del Can, por medio de un elevado Adepto de la estrella Sirio, produjo nuestro universo, para producir aquella entidad central que llamamos un Logos Cósmico, que se manifiesta a través de un grupo de siete universos, hay que aceptar forzosamente la idea de que están implicadas constelaciones que desconocemos por su extremada magnitud; o quizá galaxias. Démonos cuenta que al ir hacia lo lejos estamos introduciéndonos dentro de nosotros mismos tratando de ser conscientes de saber cuál es nuestra misión como seres humanos y cuál es la necesidad inmediata del 4º Reino de la Naturaleza. Llegando a este punto, lo demás pertenece a aquello que llamamos un eterno devenir, algo que se está produciendo constantemente, pero que nosotros podemos producir a voluntad, porque si realmente la iniciación es un secreto revelado, un misterio descubierto y una dimensión conquistada, el hecho de que estemos constantemente indagando, investigando, viviendo realmente, estamos siendo iniciados en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, es que para llegar a una excelsa iniciación de cualquier Logos –solar o cósmico– hay que partir del ser humano, que es el ser que realmente se inicia por cuanto tiene autoconciencia, por cuanto tiene un alma individual, y a partir de aquí empieza una carrera que ya jamás podrá paralizarse.

Estamos introduciéndonos en el campo de valores de lo eterno, y a medida de que nos demos cuenta de que lo eterno no es algo que esté fuera de nosotros, sino que lo eterno está en el diario vivir, en este sentido de fragancia inmortal del contacto de los seres entre sí, del contacto con cosas, del contacto con seres y del contacto con nosotros mismos, vamos siendo conscientes de que existe en nosotros un poder transformador que, pese a nosotros mismos, una vez hallado el principio de investigación y vencido el principio de resistencia, vamos ya introduciéndonos en los misterios sagrados, y así pasamos de simples personas corrientes a ser aspirantes espirituales, vamos creciendo en investigación, en meditación, en servicio y en sacrificio, e introduciéndonos en la vida de los discípulos, o en aquel camino llamado esotéricamente del discipulado y, finalmente, llega un momento en que tenemos el secreto de la integración, somos capaces de pensar, sentir y actuar sin que exista disonancia alguna entre los vehículos, vamos siendo conscientes, también, de que somos de una entidad real, que no somos un producto del ambiente, sino que nosotros somos el ambiente, aprendemos la máxima sagrada de los grandes iniciados que dicen: “Siembra una idea y cosecharás una acción, siembra una acción y cosecharás un hábito, siembra un hábito y adquirirás un carácter; siembra un carácter y te convertirás en Dios”. Es decir, que el proceso que va del hombre corriente al iniciado parte de la idea de aquello que seamos capaces de concebir. Démonos cuenta (de) que hay que ser conscientes todo el máximo tiempo posible en nuestra vida de relaciones para que inopinadamente se produzca el misterio y se revele el secreto, y que penetremos en otra dimensión. Y esto podemos hacerlo ahora mismo, porqué esperar mañana, estamos atentos y cuando estamos atentos estamos siendo iniciados en los Misterios del Reino. La iniciación no es una simple ceremonia mágica; es un trabajo constante de pulir las estructuras, de pulir el cáliz para que se pueda manifestar el Verbo o, en términos esotéricos, la Tríada Espiritual, la cual a su vez es el tabernáculo de la Mónada, y la Mónada es la propia Vida de la Divinidad y somos nosotros. Entonces, la iniciación, dense cuenta, es un darse cuenta cada vez más profundamente de que somos Dios y que nuestra capacidad de pensadores la poseemos precisamente porque comprendemos a Dios, tratamos de comprenderlo. Si amamos realmente a nuestros hermanos, lo cual no sucede frecuentemente, es que nos damos cuenta de que somos el amor de Dios, y si enfrentamos realmente el misterio del reino, habrá que descubrir el secreto del corazón, o sea, la sagrada Joya en el Loto; extrayendo la experiencia de las edades, que nos viene facilitada vía intuitiva por la propia Divinidad planetaria, la cual a su vez es una proyección de la Divinidad solar.

Bien, el proceso del triángulo equilátero en funciones, a partir del equilibrio de vehículos por parte del discípulo Aceptado –queda aceptado precisamente por su capacidad de crear a voluntad el triángulo equilátero, de poner en posición equidistante la mente, la sensibilidad y la conducta–, cuando durante un tiempo específico, determinado, muy largo a veces, el individuo mantiene inquebrantable el triángulo equilátero, surge del centro Sahasrara, del centro Coronario, una especie de luz azulada de gran magnitud, que es percibida por los ojos penetrantes del Maestro, del Adepto, de los responsables de la Jerarquía Planetaria, y entra en lo que se dice la corriente iniciática, es iniciado entonces en los misterios del reino, empieza a descubrir secretos, a revelar misterios y a conquistar dimensiones y pasa así, venciendo la inercia de sus vehículos, de la oscuridad a la luz, de lo irreal a lo real y de la muerte a la inmortalidad.

Bien, dense cuenta de un triángulo específico, para demostrarles que en una iniciación individual existe la misma figura mágica creada por el triángulo equilátero. Lo mismo que hemos visto antes entre la constelación de Sagitario, de Géminis y de Cáncer, para introducir en la Tierra el principio de la Jerarquía Espiritual por medio de Sanat Kumara y los Señores de la Llama, y que hemos reproducido después cuando la venida de los Ángeles Solares, aprovechando la óptima posición de Sagitario, de Mercurio y de Venus, hay también en cada una de las iniciaciones que recibe un ser humano aquí en la Tierra, esta posición magnética, entonces, existe lo que se llama Hierofante, o Iniciador, el que lleva en sus manos el cetro iniciático, el que lleva el poder de los altos lugares del Sistema; existen dos Maestros, que son dos planetas sagrados que asisten al principiante durante la prueba iniciática; y en el centro existe el candidato a la iniciación, se espera el momento cumbre, astrológicamente señalado, en que desde los altos éteres se forma un triángulo equilátero perfecto y entonces el iniciador, a través del cetro iniciático, le comunica al iniciado las fórmulas que deben hacerle partícipe de un secreto con la capacidad de revelar el misterio y la posibilidad de ascender a un plano inmediato superior dentro del terreno de las dimensiones. Entonces, todo está aquí. Si queremos aprender a convertirnos en un Maestro hay que ser un buen discípulo, y ser un buen discípulo –y no empleo el término discípulo en un sentido, digamos, muy místico sino que es algo muy científico– hay la posibilidad de que la creación de este triángulo equilátero por una mente realmente sana, en el buen sentido de la palabra, una mente investigadora, el secreto de la pureza mental está en la investigación. Una mente que no investigue está sujeta siempre a la presión del ambiente, y si la mente no controla, no puede haber control de las emociones, y si no hay control de las emociones no puede haber un control de lo físico. Así que, tal como decíamos antes, partiremos de la idea, crearemos hábitos, los hábitos se convertirán en un carácter estable y desapasionado y, finalmente, la relación del triángulo nos convertirá en iniciados sin partir de nuestra condición humana. Porque, ¿quién sabe lo que es la iniciación? Seguramente que el propio iniciado no sabe que es un iniciado; pero, eso sí, se comporta como un iniciado. Es esto lo que lo define en el mundo de los hombres. Desde el momento en que una persona se comporta correctamente, que se le ve un espíritu de fraternidad, un espíritu de servicio, que se le ve actuar en la sociedad como un verdadero Hijo de Dios, se puede decir que aquella persona es un iniciado en potencia. Siempre es un testimonio de la Luz y un servidor del Plan, y esto es algo que podemos realizar constantemente en nuestra vida. Cuando investiguemos profundamente cuanto nos rodea –y hay mucha belleza escondida por doquier que debe ser revelada– nuestra mente será portadora de valores eternos. El cuerpo emocional será controlado y el cuerpo físico seguirá fielmente las instrucciones del pensador. No podemos pasar de aquí, pero hay que empezar de aquí. Hay que iniciar el proceso a partir de lo que está a nuestro inmediato alcance, para tener un canto de esperanza, para estar seguros de cuanto estamos tratando de comprender, solamente tenemos como centro de atención la conducta. Examinemos la conducta, veamos si esta conducta viene insuflada en los anhelos de un corazón ardiente y suave, y si este suave y tierno corazón viene impregnado por la ley del espíritu por medio de una mente analítica, sabiamente investigadora. Todo lo tenemos ya, todo está a nuestro alcance, solamente hay que descubrir nuestra capacidad de obtenerlo. Bueno, ustedes dirán, tienen su palabra ustedes ahora.

Interlocutora. — Bueno, no sé si sabré explicar lo que he captado en un momento de cuando has hablado del Logos Solar de la quinta dimensión. Entonces, la meta, por decirlo de alguna manera, del hombre, también es el quinto elemento para llegar a una meta, también podríamos decir. Entonces, tanto al hombre como al Logos Solar les faltan dos dimensiones, la seis y la siete, entonces podríamos decir que la seis y la siete del Logos Solar pertenecen a padre y madre cósmicos, y en nosotros, en el hombre, en el ser humano, entonces al Yo Superior y al Nirvana. ¿Podríamos pensar que es esto, trabajar estos elementos?

Vicente. — Sí, sí, podemos trabajar todo esto, pero hay que darse cuenta de algo importante: cuando hablamos de una 1ª Iniciación nos referimos a que el individuo gobierna las tres dimensiones del espacio, [sí, ya, ya] ascendiendo, buscando la quinta dimensión, naturalmente, cuando adquiere el poder que hace que su conciencia se polarice o se transfiera a la cuarta dimensión es cuando gobierna exactamente y con toda plenitud su cuerpo emocional. Cuando ha adquirido el dominio en la cuarta dimensión, el iniciado ya es un iniciado, penetra en la quinta dimensión y, entonces, a través de la 3ª Iniciación, denominada místicamente como la iniciación de la Transfiguración, entra en posesión de las Llaves del Reino, entonces debe penetrar en la sexta dimensión, se adquiere cuando alcanza la cuarta y quinta iniciación. A partir de aquí nuestra mente forzosamente tiene que difuminarse por la grandiosidad del concepto; pero, utilizando el principio hermético de analogía, podemos deducir que la 6ª y la 7ª Iniciación pertenecen al dominio que se tiene de la sexta y séptima dimensión del espacio. Esto presupone, volviendo a lo que dijimos el mes pasado, que de un simple aspirante, como somos todos nosotros, con un aura magnética formada por cuadrados, hablando geométricamente, pasamos a dividir este cuadrado en cuatro triángulos, hay más espacio, y finalmente ascendemos por la ruta iniciática hacia aquel soberbio punto en que nuestra aura etérica, o nuestro doble etérico, está constituido por circunferencias, o por círculos, mejor dicho, o quizá mejor, esferas, brillantes y luminosas y transparentes, de ahí que cuando se dice, simbólicamente hablando, que el cuerpo del Adepto no tiene sombra, se asiste a una realidad. Solamente crea sombra el cuadrado o el triángulo, desde el punto de vista de la iniciación, pero cuando el aura etérica de cualquier individuo se convierte – por mediación de la quinta iniciación – en un Adepto de Compasión y de Sabiduría, entonces el misterio de la luz está realizado, no hay sombra entonces. La sombra depende siempre cuando del individuo está investigando dentro de la tercera dimensión, crea a través del intelecto aquello que llamamos el maya de los sentidos, el espejismo y las ilusiones de la mente, o aquello que Madame Blavatsky tan bien definió como que la mente intelectual –se refiere naturalmente– es la muerte de la realidad o de la verdad. En el cuerpo de un Adepto no existe sombra porque no hay karma, no hay lucha, no hay gravedad, hay una dimensionalidad que abarca no solamente el 5º Plano del Sistema Solar, sino que empieza a controlar el 2º Plano Cósmico, o el Plano Astral Cósmico; esto para los entendidos. Desde un punto de vista astrológico se puede decir que la iniciación es siempre el resultado de una polarización de un triángulo equilátero extendido de una manera que, al situar encima todo el aparato geológico que sirve para la investigación, o el horóscopo, hay tres puntos que concuerdan, y siempre se ha dado el caso de que en las grandes iniciaciones de los Logos Solares y los Logos Planetarios, pero también en el devenir de la evolución del ser humano, se da exacta coincidencia, que escapa a la penetración de los astrólogos, que es que hay un punto clave –debe ser un iniciado para ver esto– en que el horóscopo de la persona en tres puntos definidos da un triángulo equilátero perfecto, el mismo que hemos visto antes con las Pléyades, con la Constelación del Can, etc., etc., y con las constelaciones que dieron vida al Señor del Mundo o con aquellas posiciones planetarias que hicieron posible la venida de los Ángeles Solares. En todo caso, se trata de algo que está a nuestro alcance, y el principio del triángulo equilátero –como principio iniciático, naturalmente– abre el proceso de nuestra vida que nos lleva a un punto en que debemos luchar contra todo lo establecido, porque, desde el momento en que la persona se escapa, por su propia ley, a la inercia de los sentidos, a las variaciones del ánimo, o del cuerpo astral, y a las veleidades de la mente, automáticamente existe el rechazo de la sociedad, y entonces se da cuenta de lo que implica el término sacrificio, porque debe sacrificarse en todas las áreas de su ser porque la gente no puede comprenderle. Tiene que luchar, tiene que vivir amando y al propio tiempo sin mucha indulgencia consigo mismo luchar hasta la extenuación, hasta la muerte si es preciso. Llega el momento en que llega a conquistar todos los valores que hasta aquí aparecían como reales y quedan relegados al plano de la ilusión o del espejismo, y va continuando de esta manera hasta crucificar su propio yo en la cruz de la 4ª Iniciación, constituyendo así el punto clave en el que, completamente solo, olvidado de todos, aun de los seres más queridos, está durante una fracción de tiempo indefinible – porque escapa a las normas del tiempo – en que su soledad es tan absoluta que como Cristo, exclama: “Padre, ¿por qué me has abandonado?” y al pasar de aquí, ya viene la voz del Padre que dice: “Este es mi Hijo muy amado en Quien tengo puestas todas mis complacencias”, y entra el iniciado, libre de espacio y tiempo, más allá de sus vehículos, más allá de todo cuanto constituyó un anclaje para su vida kármica en el 5º Reino de la Naturaleza, el 5º Reino, la 5ª Dimensión, el 5º Planeta, el 5º Rayo, el 5º Plano Cósmico, los Ángeles Solares, los prometeos que los traen del quinto principio, empieza a tener para el iniciado un valor absoluto de verdad y de síntesis.

Interlocutora.— Hermano, te voy a hacer una pregunta: ¿cómo podemos descubrir el saber la categoría a que pertenecemos, ya sea como aspirantes, discípulos o iniciados, puesto que el orgullo nos puede hacer comprender que somos superiores, o la humildad, creernos inferiores?

Vicente. — El hombre, el individuo, nunca debe preguntarse en qué categoría está, porque una de las realidades del sendero espiritual es el auto-olvido, y si hacemos muchas elucubraciones mentales en torno a nosotros mismos tratando de descubrir nuestra relación espiritual… los que tienen que ver si estamos avanzando en el sendero. Nuestra misión es vivir noblemente. El estado de evolución corresponde a la conducta y la conducta puede ser conceptuada por las personas que están a nuestro inmediato alrededor, aquellos que tratan constantemente con nosotros y que dicen: “hay algo maravilloso”.

Interlocutora. — ¿Y por medio de un hermano espiritual no nos podríamos enterar de esta categoría?

Vicente. — Es que no le veo la relación. Sí, quizá, suponga usted que le digo yo que soy de la 4ª Iniciación, usted dirá, “muy señor mío”, porque usted no podrá experimentarlo, ahora bien, si usted tiene una categoría espiritual lo menos que pensará usted es en el grado que ocupa en la escala de la Jerarquía. Ahora bien, si usted quiere darse cuenta si está muy evolucionada, es cuando existe en usted un espíritu de investigación, un gran servicio a los demás y un absoluto olvido de sí mismo. Esto es lo que vale.

Interlocutor. — (inaudible… sobre “los prometeos”, su función, el mito de Prometeo y la interpretación de Jung.)

Vicente. — No, no, yo precisamente hablo de los prometeos por la tradición, por el símbolo que entraña. De hecho, los Ángeles Solares traen la luz del quinto principio cósmico, que es precisamente el mito al que alude Jung; es este, el de los prometeos, el de los Ángeles Solares. Existen muchas analogías en todo, en arte, en religión, singularmente en poesía. Los grandes mitos de la historia y las grandes verdades espirituales siempre han sido dadas en los libros sagrados en formas de poesías, de poemas sagrados, como el Ramayana, por ejemplo. Entonces, todo el proceso no es ni más ni menos que una aseveración de hechos a partir de una idea que se transforma en acción. Desde este ángulo de vista es Prometeo – esotéricamente hablando – todo aquel que sirve de intermediario a otra persona para que tenga más luz.

Interlocutor. — He leído la teoría de que Prometeo era un extraterrestre que llegó por su propia evolución, o involución, a una sabiduría tal que adivinó o conquistó el medio de llegarse hasta… y allí robarles el fuego solar. Esta teoría se comentó mucho y está en ligazón con el mito griego.

Vicente. — Bueno, son teorías. Las teorías, esas teorías, singularmente cuando provienen de personas inteligentes, se basan siempre en una realidad. No rehúyo la idea de los extraterrestres, de ninguna manera, ya he hablado de la venida de Sanat Kumara de Venus. ¿Cómo vino de Venus a aquí? El Ramayana dice que descendió, si tiene que descender ya no es lo mismo que hacer conciencia a partir de ahí. Según se nos dice, el Señor del Mundo, los Señores de la Llama, y los ciento diez ayudantes que vinieron con ellos, más ciertos elementos que trajeron de Venus, tenían cuerpo etérico, por lo tanto, el viajar para ellos no era problema. Así que, con nave espacial o sin nave espacial, no importa mucho; que era un extraterrestre o Prometeo que dio vida al mito, es una realidad, no se le puede negar. Ahora bien, eso de robar, es simplemente que el hombre siempre busca las cosas en sentido de codicia; entonces, una cosa es pedir y otra cosa es adquirir por medios fraudulentos. Pero, lo que sí que interesa es el hecho de que el intermediario, el Prometeo está entre nosotros. ¿Y qué es el Prometeo en su esencia?, cada uno de ustedes cuando ilumina a la persona que les pide un consejo o cuando el discípulo está en contacto con el Maestro o cuando el Maestro tiene un contacto con Sanat Kumara. ¿Se dan cuenta? , todo es lo mismo. Entonces, todo es verdad siempre que nuestra mente sea capaz de verla. Estamos impartiendo luz constantemente y, al propio tiempo, tenemos un Prometeo ante nosotros que nos alarga su dádiva. Esto es evidente, todos tenemos la fuerza de la persuasión en ciertos casos, y la fuerza de la verdad que está en el corazón, para que podamos inducir a otra persona a seguir una conducta más noble en lo sucesivo. Somos prometeos.

Interlocutora. — Yo quería preguntar sobre cuando los Ángeles Solares trajeron el fuego de la mente, entonces,… el quinto principio que viene a ser el equivalente a nuestra mente superior, pero, parece que en nosotros se ha hecho consciente a medias, más bien a la parte inferior de la mente, y que debemos hacer un esfuerzo para hacernos conscientes de esta conciencia superior que ya está en nosotros.

Vicente. — Sí. El individuo, normalmente, no nos referimos ahora a los grandes discípulos y a los iniciados, sino simplemente a los aspirantes, los cuales están viviendo entre la cuarta y la quinta dimensión, o entre kama-manas. Kama-manas, el deseo más la pequeña parte de mente que ha logrado adquirir el quinto principio cósmico y la pequeña parte de mente que ha logrado adquirir mediante su esfuerzo, es aquello que técnicamente llamamos intelecto. Entonces, para captar la grandiosidad de la idea del quinto principio, tal como lo trajeron a la Tierra los Ángeles Solares, es la capacidad que tiene el individuo de abstraerse, de refugiarse en el seno creador de las grandes verdades cósmicas. Entonces, cuando el individuo se halla en este caso es cuando se le despierta la intuición. El intelecto es siempre una reducción, digamos, de la fuerza expansiva de luz proveniente del quinto principio cósmico, tal como lo traen, como digo, los Ángeles Solares. Se trata de un momento en la vida del ser humano – siempre que tenga estructurado su Antakarana o puente de contacto entre el centro Ajna y el centro Coronario – en que realmente pueda percibir la verdad tal como Dios la muestra y no tal como la deforma el intelecto, porque el intelecto estando unido al deseo, estando manas unido a kama – kama en el sentido de deseo – entonces existe una distorsión de la luz y la persona no percibe las cosas tal como son sino tal como se le aparecen por la distorsión mental, y el intelecto, tal como decía, y repito las palabras de Madame Blavatsky, que es siempre matadora de lo real (la mente). La persona cree que es aquello, pero no está seguro. Y de muchas inseguridades se han formado las religiones, las filosofías, las creencias e incluso el arte creador. De ahí que no existen buenas religiones todavía, en el sentido de la palabra esotérico, no existe un arte creador, y no existe una filosofía profunda para que el individuo pueda percibir la verdad. Vemos el punto de vista del intelectual acerca de la verdad, pero la verdad es la conquista de sí mismo y nadie nos puede comunicar el fuego de Prometeo si nosotros no ascendemos al nivel de Prometeo y, al igual que Él, robamos o adquirimos el fuego del quinto principio del fuego de la mente. Entonces, conocemos toda la organización, ya estamos introduciéndonos nuevamente en la teoría del triángulo equilátero, que cuando decimos que el iniciado forma un triángulo equilátero perfecto, es cuando la mente es completa, no solamente se domina la parte intelectual sino la parte intuitiva, y el cuerpo emocional está constantemente controlado y la conducta no ofrece resistencia a la capacidad del pensador de imprimir la justa orientación.

Interlocutor. — Lo que es curioso es que lo que acaba de decir usted está también confirmado por las civilizaciones antiguas, de la distorsión de la luz por nuestro intelecto. Hay una anécdota que explica que un hombre una vez se encerró con el jefe de una tribu, y estaban discutiendo los dos y de pronto le dice: “todos los europeos estáis locos”, y le respondió, “¿y eso por qué?, “sí, porque decís que hay que pensar con el intelecto y no es verdad, hay que pensar con el plexo”, y puso la mano aquí.

Vicente. — Bueno, dense cuenta que el plexo solar, como sede del instinto en el mundo animal, es la intuición que corresponde al ser humano. Los… (animales) pensaban, se dejaban llevar por el impulso natural; no tienen mente pero están sabiamente gobernados por principios cósmicos. Ningún animal tiene que acudir al médico, sabe dónde tiene que ir. Tiene un plexo solar que es la mente intuitiva que tiene aquel reino. Cuando el individuo – nosotros – hayamos tenido la capacidad o el desarrollo del centro intuitivo, cuando a través del Antakarana de luz hayamos atravesado el puente de arco iris que une las dos orillas de la separatividad humana, el intelecto y la intuición, cuando todo sea un conjunto de valores armónicos, entonces, veremos qué hacemos, como hace el reino animal dentro de su evolución: sabremos exactamente lo que tendremos que hacer, no le pediremos permiso al intelecto para hacer esto o lo otro. La voluntad no estará regida por el intelecto, sino que la voluntad habrá perdido aquello que llamamos el libre albedrío. Y respecto a esto, les voy a explicar algo que dice Adamski, ¿han oído ustedes hablar de Adamski? Adamski es un ser humano que afirma que tuvo contacto con un extraterrestre procedente de Venus, y explica algo que es maravilloso: “Si no es verdad que he sido de Venus, es la verdad”, porque, cuando le pregunta si cree en Dios, qué concepto tiene de Dios, no lo comprende, no sabe nada. Y dice: “¿qué es esto de Dios?, le pregunta el extraterrestre a él, a Adamski. Adamski inquiere la idea de Dios que está latente en su mente, y entonces aquél finalmente comprende en su entendimiento lo que quiere el pobre Adamski decirle, dice: “no tenemos creencia en Dios porque no tenemos libre albedrío”. Significa que Dios está constantemente con nosotros, porque lo que separa al hombre de Dios es el libre albedrío, la capacidad de separarse voluntariamente de la causa suprema. Lo que nos separa a nosotros ¿qué es sino el libre albedrío? ¿Qué pasará el día que el libre albedrío, al que le asignamos tanta importancia, haya sido reducido a la nada? No tendremos necesidad de decir sí o no, o quiero esto o lo otro. Diremos: esto o aquello, ¿por qué?, porque nuestra mente plenamente intuitiva será un reflejo, sin distorsión alguna, de la voluntad del Creador. Así que no se preocupen si un día pierden la mente, o están en un vacío absoluto, que están dejados de la mano de Dios, que es cuando están en manos de Dios.

Leonor. — El caso es que, cuando hablaban de los aspirantes y de los iniciados, he pensado si tenía algo que ver el primer paso para saber si un aspirante es aspirante, es si ha aceptado gradual y serenamente su karma, o bien si se enfrenta con su karma, entonces puede que no sea, que debe contarse como que no es un verdadero aspirante. ¿Hay que aceptar el karma primero para saber si se es aspirante? Esta es mi intención.

Vicente. — Bueno, es que tanto el aspirante como el discípulo, y algunos iniciados, están bajo la presión del karma, entendiendo por karma no solamente los pequeños acontecimientos que configuran nuestra vida psicológica, con sus penas, con sus tristezas y también con sus pequeñas alegrías, sino que forma parte de un karma superior, del karma del propio Dios, porque si Dios no tiene un karma a un nivel en donde nuestra mente no puede penetrar, no puede existir la estructura que constituye el Universo, habida cuenta que el Universo se basa siempre en una proyección del karma, en el espacio, por medio de los grandes devas, o de los ángeles, a los cuales nos hemos referido últimamente. Entonces, el karma está por doquier. Cuando hablamos de redención hablamos de un karma que pertenece a la substancia e introducimos luz de inteligencia en la substancia de los elementos químicos que constituyen nuestros cuerpos expresivos y, automáticamente, creamos una luz que se va apoderando, igual que en el caso de una bomba atómica, una explosión por simpatía, de todo cuanto está en su inmediato alrededor. Es decir, si una persona libera un cierto contenido o redime una cierta cantidad de la substancia kármica de sus cuerpos, lo que está realmente haciendo es liberar una parte del karma que pertenece a nuestro Universo. De ahí que siempre somos creadores, y de ahí también que si vamos progresando científicamente dentro de nuestro espíritu de investigación, no vamos a caer en el error de la era pasada, donde todo era misticismo, emotividad y sentimentalismo, de dirigirse a Dios en el sentido de “dame esto o dame lo otro”, sino preguntar constantemente a la Divinidad “¿qué es lo que puedo hacer en Tu nombre?”. Cambia mucho el caso. Pues, entonces aprendemos a sumergir los pequeños problemas kármicos dentro del gran problema de Dios que constituye el Universo, y nos hacemos grandes pese a nuestra absoluta pequeñez. Y tal como se dice en el Libro Sagrado de los Iniciados: “La Tierra resplandece a tu paso porque tú estás acatando correctamente los designios del Señor”. Es fácil de interpretar y difícil de adquirir, siempre digo lo mismo, pero hay que iniciar la tarea, no hay más.

Interlocutora. — El hombre es creador a medida que se siente impulsado hacia los tres grandes arquetipos, o sea, la verdad, la bondad y la belleza [Sí] ¿En este caso, bondad, sería sinónimo de amor?

Vicente. — Sí, sí, exactamente. Y verdad es sinónimo de investigación, del mental. Y la belleza siempre es a través de la conducta. Es que damos mucha importancia a la belleza física, y hay que dar mucha importancia y depositar mucho énfasis en la belleza de las actitudes. La belleza física no trae consecuentemente, o lógicamente no sabe siempre un sentido de belleza interna, de ética, de moral. En cambio, una actitud digna embellece la conducta, y al iniciado no se lo define por la belleza de su cuerpo sino por sus actitudes ante la vida, por su capacidad de vivir ausente de sí mismo, por su grado de sensibilidad hacia los demás, que hace que se convierta siempre en un servidor del Plan, y los actos de sacrificio continuados son aquellos que finalmente lo llevan a las más altas iniciaciones.

Interlocutora. — Vienes a decir un poco, más o menos, y es: “Hágase Tu voluntad”, aunque hay un momento, que yo creo, que debe ser el individuo ya capaz de acatar esta voluntad haciéndola, pero siempre en idea de que sea la voluntad del Padre. ¿Es así?

Vicente. — Naturalmente, tendría que ser así, porque si hacemos la invocación en el sentido meramente mental, sin resolución interna, sin resonancia, no conseguiremos nada. Es decir, que adquirimos la capacidad de esta gran invocación de “Señor, hágase en mí según Tu palabra” o “¿qué es lo que puedo hacer en tu Nombre?”, solamente podemos hacer esto, esta invocación, cuando nuestra mente, nuestro cuerpo psíquico y el cuerpo físico han creado un triángulo equilátero, ha integrado sus valores expresivos de una manera tal que los tres dan una misma nota, y esta nota es la nota iniciática precisamente. Y, tal como decíamos al principio de estas conversaciones, hay que contar con tres elementos consubstanciales en la creación de cualquier tipo de universo, y es la fuerza del sonido, la capacidad de luz o de color que surge de este sonido, y la creación de una forma geométrica que corresponde al sonido original. Es, como si dijésemos, volviendo al principio de nuestra conversación, que un elemento químico está representando los tres poderes de la Divinidad, por ser una corriente de evolución igual que la humana, con grandes reacciones que desconocemos todavía desde el ángulo científico. Es decir, que la fuerza del yo central –si es que podemos decirlo así, siendo comprendidos como es de ley– la forma geométrica merced a la cual se expresa y el sentido de la fuerza que proviene de una entidad central y coherente, dentro de la cual este elemento químico está inmerso, produce un triángulo equilátero, entonces representan en tiempo y espacio, a pesar de su extrema pequeñez, los poderes del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo; de la Voluntad, de la Sabiduría y de la Actividad Creadora; o de la Vida, de la Cualidad y de la Apariencia; del Espíritu, del Alma y de la Forma, de todos los elementos trinos que conocemos. Y si un átomo químico, un elemento químico, que debe ser percibido a través de aparatos especializados, ultrasensibles, para determinar solamente su forma geométrica, ¿qué sucederá en los espacios vitales en donde vive la sociedad humana? Este es el misterio que hay que tratar de revelar, que proviene naturalmente de un secreto que tiene que sernos revelado. Y, a partir de aquí, viene una conquista de las dimensiones del espacio, con nuevos sonidos, nuevos colores y nuevas formas geométricas, para llegar, en consecuencia, a la seguridad de que somos Dios, y que tenemos la responsabilidad y la misión de revelarlo, en nuestra vida, en nuestra conducta, en los pensamientos, en las emociones y en las palabras. Aprender a gobernar el destino de nuestro mundo, aprendiendo a gobernar el destino nuestro como seres humanos.

Vamos a hacer un poco de silencio.

Muchas gracias.

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Conferencia Vicente Beltrán Anglada
Barcelona
8 de abril de 1978

Digitalizada por el Grupo de Transcripción de Conferencias
7 septiembre 2008

Editada por el Centro de Estudios VBA (en curso)
30 octubre 2008

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