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Vicente Beltrán Anglada


"Que el contenido les sea útil y pueda servirles de inspiración en el intento supremo de sus respectivas búsquedas, es nuestra más humilde y sincera plegaria..."
-V.B.A
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Los Angeles en la Vida Social Humana


CAPÍTULO XII

LOS ANGELES Y LAS INFLUENCIAS ASTROLOGICAS

 

Una de las grandes dificultades que tendrá que enfrentar el estudiante de Astrología de nuestros días es la que hace referencia a lo que esotéricamente se define como personificación de las energías procedentes de cada una de las Constelaciones del Zodíaco, bañadas místicamente en la luz del sol y transportadas o proyectadas sobre nuestro planeta por los misteriosos agentes del éter que dinamizan los espacios universales. De la misma manera que la luz del sol se proyecta sobre la Tierra en virtud de un acto de Decisión solar, las energías de las Constelaciones Zodiacales vienen proyectadas por las grandes Decisiones Cósmicas engendradas en los ocultos e indescriptibles centros místicos de donde se origina la vida que anima dichas Constelaciones, pudiendo afirmarse que las corrientes de energía astrológica son actos de Voluntad, de Amor o de Inteligencia engendrados por los potentísimos e incomprensibles Logos que utilizan aquellas Constelaciones como Cuerpos de Manifestación. El tema visto así, de improviso, aparece como difícilmente comprensible dada la aterradora majestad de sus cósmicas repercusiones, pero si aplicamos correctamente la analogía veremos cómo la idea aparece clara y sencillamente a nuestro análisis intelectual. Bastará para ello confeccionar mentalmente un simple cuadro de analogía de acuerdo a cuanto esotéricamente sabemos sobre la ley de evolución, es decir, a la ley de jerarquía espiritual que rige para el cosmos absoluto. En nuestro estudio esotérico sobre los Angeles hemos podido comprobar que a cada estado de conciencia humana corresponde una corriente de energía dévica, o sea, que la sensibilidad angélica y su capacidad de crear corrientes de energía eléctrica alrededor del campo magnético humano (su Aura etérica), deben corresponderse forzosamente con las actitudes mentales, emocionales y físicas de los seres humanos. Es partiendo de esta base que nos fue posible hablar de los ambientes sociales, familiares e individuales dentro de la humanidad. Así, pues, la analogía entre el Angel y el Hombre, creciendo en majestad y potencia, puede deparamos una visión muy objetiva de lo que podríamos denominar científicamente corrientes astrológicas, ya se refieran a los astros, a los Sistemas solares o a las propias Constelaciones que, en su mutua interdependencia, constituyen una Galaxia. Siguiendo con este orden de ideas podríamos decir que cada Constelación, vista en su conjunto, no es sino el Cuerno objetivo de una Individualidad Psicológica de carácter cósmico cuya Conciencia, expresando cualidades definidas, se manifiesta -si podemos decirlo así- como un movimiento en el Espacio mediante el cual son invocadas potentísimas Entidades Angélicas, las Cuales convierten aquel movimiento en energía y la transportan -vía el éter- a las más alejadas regiones del Cosmos absoluto. El principio hermético la energía sigue al pensamiento puede ser íntegramente aplicado aquí, facilitando el trabajo de nuestra mente investigadora. El Gran Iniciado HERMES TRISMEGISTUS les llamó a estas potentísimas Entidades Angélicas “los Gobernadores del Mundo”, concretando la actividad de Aquéllas que más asidua y particularmente toman contacto con nuestro planeta Tierra.

Al analizar la definición bíblica de los Siete Espíritus ante el Trono del Señor (El Logos Solar) refiriéndose a los Siete Logos planetarios, Señores de Rayo, Regentes de los Siete planetas sagrados de nuestro Universo, es decir, de Vulcano, Mercurio, Venus, Júpiter, Saturno, Urano y Neptuno, adivinamos que se hace también una directa referencia a los Siete esplendentes Arcángeles relacionados muy íntimamente con la vida mística de aquéllos. Tales Entidades Angélicas podrían ser análogamente descritas así, de acuerdo con su relación íntima con el planeta sagrado del que dimanan o del cual -por decirlo de alguna más significativa manera- extraen sus energías:

Hay que tener en cuenta al respecto que la terminación “el”, asignada a todo Angel superior, es un símbolo del omnipotente poder de la Divinidad que le asignó un nombre o un atributo creador a cada Angel, a cada ser humano y a cada elemento vivo en el seno infinito de la Naturaleza. Así, si utilizáramos la raíz latina en la denominación de los poderosos Mahadevas que rigen las energías que surgen de las Constelaciones del Zodíaco, los denominaríamos así: Ariel, Tauriel, Cancriel, Leoniel, Virginiel, Libriel, Escorpiel, Capriel, Acuariel y Pisciel, en vez de la raíz hebraica que los denomina así:

Pero prescindiendo de tales denominaciones que sólo deben ser tenidas en cuenta desde el ángulo lingüístico, lo interesante para nosotros es tratar de captar el significado íntimo de las corrientes astrológicas que desde todas las partes del cielo se precipitan sobre nuestro planeta, ya que lo más importante desde el ángulo esotérico es cómo captar adecuadamente tales energías y cómo canalizarlas individualmente para crear correctos ambientes sociales, lo cual únicamente será posible si nuestra vida personal es tan correcta que pueda servir de adecuado cauce a aquellas corrientes de energía astrológica, algunas de las cuales hacen vibrar los éteres del espacio a unas notas de tal elevada frecuencia que sólo pueden ser canalizadas perfectamente por los grandes Angeles planetarios o por los altos Iniciados de la Jerarquía. Sin embargo, a los seres humanos de una cierta evolución les cabe la suerte -si podemos decirlo así- de acogerse consciente o inconscientemente a las influencias angélicas o astrológicas que rigen los ciclos menores del tiempo, llamados esotéricamente tatwas, y también los que se derivan del movimiento de rotación de la Tierra, es decir, del día, de la noche, de las auroras y de los crepúsculos, así como de los del movimiento de traslación del planeta alrededor del sol que originan las cuatro estaciones del año... Por todas estas coincidencias que influyen poderosamente en el destino humano, cabe admitir la importancia del conocimiento del mundo dévico en relación con la vida de la Naturaleza y de la sabia definición del gran iniciado HERMES TRISMEGISTUS, que les asignaba a los Angeles la denominación de gobernadores del mundo.

Ahora bien, de acuerdo con la descripción esotérica hasta aquí realizada para definir las distintas jerarquías angélicas que operan en y a través de nuestro Universo, habrá que hacerse un énfasis especial a las jerarquías que actúan más allá del círculo-no-se-pasa del Sistema solar por cuanto personifican las energías que provienen de las Doce Constelaciones Zodiacales que constituyen nuestro cielo sideral y que a través de los grandes Angeles planetarios convergen en la vida evolutiva del planeta a través de las fuerzas ocultas que rigen el complejo molecular de los elementos químicos de la Naturaleza, es decir, los elementales constructores del aire, del fuego, del agua y de la tierra, llamados esotéricamente en nuestro Tratado, sílfides, salamandras, ondinas y gnomos... Un atento examen del diagrama que sigue nos informará acerca de las relaciones astrológicas que existen entre las grandes Constelaciones, los Angeles, los planetas y la vida oculta de la Naturaleza a través de los pequeños gobernantes de los elementos, reconocidos esotéricamente como elementales constructores: (ver pág. 153)

Este diagrama va orientado hacia la comprensión espiritual del hombre corriente. El orden de los planetas regentes variaría si nos atuviésemos a la evolución de los discípulos mundiales y de los Iniciados del planeta. Sin embargo, esperamos que el orden expuesto sea suficiente por ahora, ya que no es nuestro empeño en este Tratado esotérico sobre los Angeles abordar directamente el estudio astrológico, sino que intentamos únicamente establecer analogías para facilitar nuestra investigación sobre la vida de los Devas.

La personificación Mistica de las Energías

El aspirante espiritual debe estudiar el ocultismo desde el ángulo de vista de las causas motivadoras de los acontecimientos planetarios y prestar menos atención a las conclusiones exotéricas basadas en objetividades intelectuales, muy dignas de tener en cuenta, pero del todo punto insuficientes para poder adueñarse del secreto dévico o angélico que rige el mundo de las causas de todos los fenómenos naturales pero, paradójicamente, deberá experimentar, tan exotéricamente como le sea posible -si puede ser comprendida exactamente esta locución- las verdades esotéricas sometidas a su atención acerca de las causas de toda manifestación objetiva de la Naturaleza y de los ambientes sociales de la humanidad, a fin de poder localizar en el éter a las gloriosas Entidades dévicas cuya misión es personificar las energías logoicas que surgen de todos los puntos del Espacio absoluto y sirven de Vehículos de comunicación entre Sí de todas aquellas Entidades Logoicas cuyo destino inviolable es extenderse en magnitud y profundidad por las infinitas regiones cósmicas. Siendo así, la misión del aspirante espiritual, cuya participación en la vida evolutiva de la Naturaleza ha de ser cada vez más consciente y efectiva, será sin duda también la de crecer en magnitud y profundidad dentro de los ámbitos planetarios en donde vive, se mueve y tiene el ser, lo cual sólo será posible si se deja influenciar creadoramente por la fuerza mágica de los Angeles y se somete voluntariamente a la actividad moldeadora que Ellos ejercen sobre los hombres y sobre las comunidades sociales de acuerdo con la presión de los majestuosos Arquetipos causales diseñados por la propia Divinidad. De acuerdo con esta idea podríamos decir que el mejor de los consejos que puede serle impartido al aspirante espiritual hacia el cual van especialmente dirigidos estos comentarios- es que se deje guiar serenamente por las corrientes astrológicas que rigen su destino kármico más bien que el pretender conocer intelectualmente los signos astrológicos que lo rigen. Así avanzará más rápidamente hacia la consumación de su vida kármica ya que, tal como dice el Maestro, mejor es vivir que conocer. Como se verá por poco que se profundice en estas palabras, no se niega en absoluto la efectividad del conocimiento intelectual relacionado con la forma y principal integrador de la mente razonadora, sino que se le pospone únicamente para dar lugar a la cualidad vivencial del Espíritu, el cual está más allá y por encima de todo posible razonamiento. Es decir, y siendo todavía más concretos, en el primer caso y a través de las vías del conocimiento natural sabemos que existen los Angeles, pero en el segundo establecemos contacto con sus inmortales Vidas y nos dejamos guiar por las luminosas expresiones de sus Presencias radiantes. La entrada en el Sendero oculto como regla obligada de nuestro propósito espiritual, es el resultado cierto –nos demos o no cuenta de ello- de alguna experiencia vivida de carácter angélico. Tal experiencia ha impresionado sin embargo tan potente y fúlgidamente nuestra memoria que ya jamás podremos olvidarla y es aquella luz subjetiva e intuitiva la que lenta aunque persistentemente nos va introduciendo en el Camino iniciático...


La Astrología, una Ciencia de Comunicación entre Angeles y Hombres

Este tema será continuación del anterior, pero concretándolo a aspectos más objetivos y más fácilmente asimilables para la mente intelectual de los aspirantes espirituales. Al definir a la Astrología como una Ciencia de Comunicación o de relación entre Angeles y Hombres, tenemos en cuenta el significado místico del contacto espiritual existente desde siempre por decisiones de la propia Divinidad y que, por ello, escapa totalmente a nuestros comentarios. Intentamos únicamente añadirle un mayor sentido potencial , asignándoles a los hombres sentido creador y a los Angeles cualidades constructoras. Así, el sentido del axioma esotérico la Energía sigue al Pensamiento, puede ser utilizado igualmente en la locución corrientes de energía ambiental o cuando extendiendo enormemente el significado oculto de la misma hacemos uso de la frase corrientes de vida astrológica. En ambos casos se expresa idéntica idea de COPARTICIPACION, ya sea entre Entidades Logoicas y poderosos Arcángeles o entre entidades humanas y Angeles familiares. Lo único que hay que señalar naturalmente es la abismal distancia, medida en términos de evolución, que separa un trascendente Arcángel que teje los acontecimientos que constituyen el destino creador de un Logos, Señor de un Universo, de una constelación o de una Galaxia, de aquel Deva familiar que utilizando los materiales que le suministra la vida espiritual y oculta de un ser humano, le crea los acontecimientos ambientales que configuran y modelan su destino.

Por lo tanto, cuando hablamos de la Astrología como una vía natural de. comunicación entre Angeles y hombres en virtud de las energías de los astros, no hacemos sino concretar el proceso en términos fácilmente comprensibles para la mente intelectual. Utilizando la clave de la analogía nos será útil considerar la relación que existe entre:

a. Las Doce Constelaciones del Zodíaco (Los doce MAHADEVAS).
b. Los Doce Planetas Sagrados (al finalizar el Mahamanvántara)
c. Las Doce Lunas del Planeta Júpiter
d. Las Doce Tribus de Israel
e. Las Doce Puertas de la Ciudad Celeste (de Shamballa)
f. Los Doce Trabajos de Hércules
g. Los Doce Apóstoles (Los doce Angeles planetarios)
h. LosDoce Pétalos Sagrados del Corazón
i. Los Doce Meses del Año


Esta relación, entresacada de las leyes de la analogía, si bien no completa, nos permitirá extender considerablemente nuestro horizonte mental en torno a nuestro estudio esotérico sobre los Angeles ya que tales Entidades, a partir de los Doce Mahadevas de las Constelaciones del Zodíaco que presiden nuestro cielo sideral, están presentes como energías personificadas en todas y cada una de las analogías antes descritas, pues si bien es evidente su actividad bajo la forma de los grandes Mahadevas que personifican o encaman las corrientes de energía que surgen del centro místico de cada Constelación, no lo es menos en el sentido de considerar que todas las analogías con base en el número DOCE se corresponden precisamente con la actividad dévica y con el número de perfección del Reino de los Angeles.

Vemos así, en la relación oculta entre el Zodíaco sideral y los doce planetas sagrados, una posibilidad de largo alcance para la Vida de nuestro Logos solar, ya que si bien en la actualidad son sólo siete los planetas sagrados, tal como vimos en páginas precedentes de este Tratado, hay que tener en cuenta que existen otros tres planetas no sagrados: la Tierra, Marte y Plutón, a los cuales habrá que añadir otros dos todavía no descubiertos, pero que ya empiezan a surgir del éter -tal como esotéricamente se dice- totalizando doce planetas, relacionados místicamente con cada una de las doce Constelaciones y que serán sagrados al final de nuestro sistema solar, cuando nuestro Logos haya logrado la perfección del Arquetipo solar o angélico que corresponde al Universo actual.

Según se nos dice esotéricamente hay una misteriosa relación entre los doce planetas sagrados con los doce satélites de Júpiter el cual, a través de cada uno de ellos, canaliza misteriosamente las energías de las doce Constelaciones. Hay que advertir al respecto que Júpiter es un planeta sagrado vinculado con las energías del segundo Rayo, el mismo que rige la Vida de nuestro Logos solar y que su relación con ESTE es similar a la que unía místicamente la vida de Juan, el discípulo más amado, con la de Cristo, el Representante de las energías del segundo Rayo de AMOR en nuestro planeta. Hay que tratar de ver en toda posible analogía una base de realidad, que no es meramente simbólica sino que intenta precisamente expresar verdades universales. Los doce hijos de Jacob, las doce Tribus de Israel y las doce Puertas de la Ciudad Celeste (Jerusalén), son analogías muy significativas de las Doce Constelaciones, aunque concretizadas en los aspectos bíblicos de pueblo elegido, teniendo en cuenta, sin embargo, que toda la humanidad y no únicamente el pueblo judío es el pueblo elegido por la Divinidad, siendo Jerusalén, la Tierra Prometida, un símbolo del Centro místico de SHAMBALLA y las doce puertas que dan acceso a este Centro Celeste son las corrientes astrológicas del Zodíaco que el ser humano perfecto ha de dominar antes de poder penetrar en el recinto secreto de SHAMBALLA, el Centro en donde la Voluntad de Dios (el Logos solar) es conocida...

Tiene entonces una realidad plenamente objetiva el mito de los doce trabajos de Hércules, siendo Hércules la personificación del Iniciado que obtuvo la perfección en cada uno de los doce signos del Zodíaco y en cada uno de los Siete Rayos: 12+7=19, 1 + 9 = 10, número que, como Uds. saben, es el de la perfección humana. Siendo más concretos todavía, deberíamos decir que cada uno de los trabajos de Hércules se realiza en el corazón del Iniciado a través de cada uno de los doce pétalos del chacra cardíaco, un trabajo que repercute en el chacra coronario, en cuyo centro espiritual y en el momento cúspide de la quinta Iniciación resplandece la estrella mística de doce puntas de un indescriptible blanco inmaculado, representación infinita en la vida del hombre perfecto de la perfección del Logos Solar, cuyo Centro Cardíaco de Doce resplandecientes Pétalos está constituido por todos los Hércules planetarios, o Maestros de Compasión y Sabiduría de todas las humanidades de este Sistema Solar, que alcanzaron la perfección en cada uno de los Doce Signos del Zodíaco.
 


Los Ciclos de Vida Universal

Las ideas precedentes tratan, como Uds. habrán podido comprobar, con la ley universal de los ciclos, es decir, con los períodos de actividad con que son divididos dentro de la inmensidad del espacio los momentos augustos del tiempo. Este último se basa, dentro de un plano tridimensional, en los movimientos de rotación y de traslación de los astros, siendo mayores naturalmente los ciclos de tiempo correspondientes a las inmensas orbitaciones de los grandes sistemas. No hay una correspondencia exacta, por tanto, entre el movimiento de rotación y de traslación de nuestro planeta y el de otro planeta, mayor o menor, dentro de nuestro Universo, desde el ángulo de vista del tiempo, ya que será tanto más extenso el recorrido u orbitación de cualquier planeta o astro celeste cuanto más alejado se halle de su centro solar, por lo cual casi resultará imposible conceptuar la magnitud de los ciclos del tiempo cuando los condicionemos a los gigantescos centros solares, galácticos o cósmicos que se mueven dentro de la extensión infinita del Espacio absoluto. La relación Espacio-Tiempo parece ser, sin embargo, la medida natural de la evolución en lo que a la ley de ciclos respecta, siendo el Espacio la gran Matriz Cósmica de todas las formas universales y el Tiempo el factor condicionante del Espacio, cuando movidos por las Leyes infinitas de la Necesidad Kármica se sienten atraídos los Logos creadores hacia los periodos cíclicos de la Manifestación.

Pese al contenido abstracto de estas ideas nos será posible, sin embargo, llegar a la conclusión de que la noción de tiempo es muy relativa, ya que se halla condicionada siempre a las mayores o menores magnitudes de las orbitaciones cíclicas de los astros. Hay que considerar no obstante -y esta es una conclusión definidamente esotérica- que cuanto mayor sea una orbitación mayor será asimismo la efusión de energía proveniente de cualquier centro solar, siendo mayores y más potentes, por tanto, las Energías Angélicas cuyas excelsas Vidas galvanizan los éteres espaciales dentro de los cuales tienen lugar aquellas tremendas orbitaciones, estando muy estrechamente vinculada la ley espiritual de Jerarquía con la magnitud de una orbitación, de la misma manera que la expansión del campo magnético humano en el orden espiritual dependerá de la evolución de la conciencia, situada constantemente en el centro de la tensión espacio-tiempo la cual, una vez superada a través de las leyes de la evolución se convertirá en equilibrio, es decir, en la armonía integral que se produce cuando la conciencia se ha liberado de toda posible polaridad en el devenir de su vida individual.

La energía producida por las orbitaciones de los cuerpos celestes al rasgar los espacios siderales, tendrá una medida constante para cada astro, siendo proporcional la energía a la magnitud de las orbitaciones, o sea, que a mayor orbitación mayor cantidad generada de energía. La cualidad de dicha energía vendrá determinada naturalmente por la ley de Jerarquía, de la cual cada Logos es un exaltado exponente. Otros conceptos. que pueden ser extraídos en relación con estas ideas que vamos exponiendo tendrán que ver con Las vinculaciones astrológicas existentes entre todos y cada uno de Los Sistemas estelares en movimiento de expansión cíclica y con las cualidades de las energías, o corrientes de Vida dévica de Rayo, que surgen de cada centro logoico de creación.

Contemplado el Universo desde este ángulo de vista aparecerá surcado, sin duda, por una infinita gama de energías, matizadas por la luz, la nota o el sonido que emiten los Logos de cada esquema solar y transportadas por los Angeles, de todas las jerarquías posibles, a través del espacio absoluto, estando marcado cada Angel por la impronta o sello específico de tales corrientes de energía, definidas esotéricamente como de FRICCION ya que, al parecer, tienen que ver directamente con el Fuego creador de la Divinidad de cada esquema y radicando ahí, en esta idea, una explicación científica de las causas de la electricidad tal como la conocemos en nuestro planeta. Bien, como Uds. verán, deberemos extremar mucho nuestro sentido de la analogía sobre este punto, ya que se trata ni más ni menos que de comprender la ley mística de Los contactos establecidos, vía el espacio, por todos los Logos creadores y grandes Arcángeles dentro de la infinita majestad del Cosmos.

Deberemos suponer también, de acuerdo con estos nuevos conceptos que vamos emitiendo, que las auras angélicas o vestidura etérica de que se apropian las distintas y numerosas jerarquías de Angeles en el Cosmos como símbolo de poder y majestad, variarán sensiblemente en color, radiación y poder de acuerdo con la evolución del Centro Logoico de donde procedan y también según sea la magnitud de la orbitación de este centro solar en relación con otros centros solares y la intensidad de las fricciones que originan en su desplazamiento por el espacio. El sonido que producirá el éter del espacio al ser rasgado equivaldrá a una nota o sonido cósmico y el fuego que surja por efecto de las intensas fricciones originará para cada Universo un tipo peculiar de energía, electricidad o corriente astrológica que los astrólogos del futuro deberán tener en cuenta, considerándola no como una simple energía estelar, sino como un tremendo poder psicológico que les dará la clave del karma de nuestro planeta. Podríamos añadir también siempre de acuerdo con la analogía- que si a igual que un exaltado RISHI pudiésemos contemplar el Universo desde su elevada atalaya cósmica, percibiríamos en el fuego de la fricción un color definido de acuerdo con las cualidades espirituales que surgen de los centros logoicos, oiríamos un sonido, el mántram universal que repiten incesantemente las jerarquías angélicas y observaríamos una forma geométrica, la del Arquetipo que cada Logos creador tiene el Dharma de realizar y llevar a la perfección. El tema, si bien profundamente sugestivo es también extremadamente complejo y la analogía no será suficiente quizás para poder darnos una idea de estos ángulos de percepción tan vastos... Deberemos confiar mucho, por tanto, en la capacidad intuitiva de nuestra conciencia y en la profundidad y persistencia de nuestras investigaciones. De todas maneras, se halla ahí, en esta idea, una explicación esotérica de aquel fenómeno cósmico definido ocultamente como Música de las Esferas, la cual sólo puede ser oída por los grandes Iniciados del Sistema. Los oídos mortales del ser humano sólo pueden escuchar algunas de las notas de aquella mágica sinfonía, las cuales se traducen en la música que nos cautiva, sensibiliza y deleita. Volviendo a la idea cósmica que nos ocupa, podríamos decir que de la misma manera que el perfume precede siempre a la flor, la música de un planeta precede asimismo constantemente el paso de su cuerpo celeste por el espacio y los oídos logoicos de todas las comunidades cósmicas podrán detectarle y deleitarse -si podemos decirlo así- de la Melodía que producen los Angeles de aquel cuerpo celeste y determinan su cósmica identificación, ya que aquella melodía en su integridad constituye el NOMBRE augusto del Logos que lo rige y representa. De ahí la importancia asignada esotéricamente al Nombre, ya se refiera a los hombres o a los Devas, por cuanto en el Nombre subyace el secreto iniciático del Reconocimiento espiritual y las bases íntimas de la universal perfección. El tema del Nombre y su importancia iniciática fue estudiado en el segundo libro de este Tratado. Nos abstendremos por tanto de insistir sobre el mismo. Sin embargo, y ya para terminar, quisiéramos establecer unas nuevas analogías las cuales podrán ayudamos en el devenir de futuras investigaciones:


Estos tres factores, aplicados a la vida de nuestro Universo, darían lugar a lo que esotéricamente definimos como Espíritu, Alma y Cuerpo. En relación con el hombre corriente esta triple manifestación se expresaría como mente, sensibilidad y cuerpo físico y con respecto al orden general de la existencia, tal como se expresa en nuestro planeta, surgirían como siempre los tres aspectos vitales tantas veces repetidos en las páginas de este Tratado, es decir:

a. Sonido
b. Color
c. Forma Geométrica


una constante cósmica, eternamente invariable que igual puede ser aplicada al más elevado Universo como al más diminuto de los átomos. El principio de analogía, inteligentemente aplicado, nos dará siempre la clave esotérica o mística de cualquier estudio o de cualquier idea, por elevadas que sean sus implicaciones.



La división esotérica del mundo por las Grandes Jerarquías Dévicas

De acuerdo con el sentido territorial el planeta se halla dividido en cinco Continentes, siendo actualmente cinco las razas humanas que realizan su evolución en nuestro mundo. La jerarquía angélica de los AGNISCHAITAS, más directamente vinculada con la creación física de la Naturaleza, tienen poder sobre los cinco grandes grupos de elementos que producen el fenómeno de la vida en todo el contenido substancial planetario, es decir, en la tierra, en el agua, en el fuego, en el aire y en el éter que es el elemento cualificador e integrador. Los seres humanos poseen cinco sentidos normales de percepción, vista, oído, olfato, gusto y tacto y según se nos dice esotéricamente los más avanzados deberán desarrollar también cinco sentidos en cada uno de sus cuerpos sutiles, el astral, el mental, el búdico y el átmico, en el devenir de la presente Cuarta Ronda. Pasar de ahí, en lo que al ser humano se refiere, sería una empresa vana considerando el desarrollo espiritual de la humanidad del presente. Sabemos, a través de nuestras investigaciones esotéricas, que hay en el mundo hombres de elevadísima integración espiritual, tales como los Iniciados de la Jerarquía planetaria quienes, merced a los esfuerzos, devoción al trabajo interno y a las férreas disciplinas de Sus vidas, lograron desarrollar los sentidos correspondientes a cada uno de los cuerpos o vehículos de manifestación cíclica o evolutiva en la presente Ronda planetaria, y aún otros dos que para la inmensa mayoría de la humanidad constituyen sólo unas vagas promesas para más lejanas edades y más avanzados ciclos evolutivos. Como resultado de las profundas investigaciones ocultas, sabemos que en los planetas Venus y Mercurio y posiblemente en alguno otro más de nuestro Sistema solar, las humanidades que en ellos realizan su evolución han desarrollado seis y hasta siete sentidos de percepción interna, lo cual les facilita la percepción en otros niveles más elevados del Universo, a igual que nuestros Adeptos e Iniciados. El hecho se debe principalmente a que tales humanidades realizan su evolución en una Cadena o en una Ronda planetaria mas elevada que la nuestra, lo cual puede ser un indicio de que se hallan estrechamente vinculadas con Jerarquías angélicas de extraordinaria evolución, teniendo en cuenta que viven, se mueven y tienen el ser en espacios de seis y siete dimensiones, habiendo una directa relación entre las dimensiones del Espacio donde actúan los Angeles y los sentidos desarrollados cíclicamente por todas las humanidades del Sistema.

Los Angeles de la Naturaleza, es decir, estas potencias ocultas que presiden el orden de la evolución en nuestro planeta Tierra, se mueven en espacios de cinco dimensiones, habida cuenta que los sentidos que tiene que desarrollar nuestra humanidad en cada Plano de la Naturaleza son solamente cinco en la actual Ronda planetaria y en lo que al ser humano respecta. Sabemos, sin embargo, que hay Angeles de exaltada evolución formando parte de nuestra Jerarquía planetaria que se mueven en espacios multidimensionales, tales como los que rigen los Planos de la Naturaleza o los que ordenan el proceso de integración de los Reinos, las razas y las especies. En lo que a la gran familia humana se refiere, sólo podemos hablar de los Angeles familiares, de gran evolución espiritual, que viven en muy estrecho contacto con los seres humanos constituyendo misteriosamente las bases de sus culturas, civilizaciones y ambientes sociales, siendo uno de sus principales cometidos facilitarles el desarrollo de los cinco sentidos de percepción en cada uno de sus cuerpos sutiles.

Nuestro planeta, como todos los planetas del Sistema solar, es esencialmente septenario aunque en su presente estado de evolución esté desarrollando únicamente una quinta fase de la Voluntad todopoderosa de la Divinidad, y es por esta razón que el número básico ó sagrado que corresponde indistintamente al Reino humano y a la evolución dévica es el CINCO, estando representado simbólicamente el primero en la forma geométrica del pentágono con la figura de un hombre en el centro y la segunda en la estrella de cinco puntas que brilla esplendorosamente en la radiante cabeza de los Angeles AGNISHVATTAS. El número cinco es, por tanto, el número de la integración que corresponde a la humanidad y al mundo dévico, prescindiendo por completo de si en las filas de la humanidad o en las de las jerarquías angélicas existan excelsas Entidades de tal elevado desarrollo espiritual que posean siete sentidos en plena actividad, hayan alcanzado siete iniciaciones o que se muevan en espacios ultradimensionales para medir los cuales nuestra mente actual carece por completo de datos y referencias.

Es lógico suponer que al dividir el planeta en cinco Continentes, se obedece jerárquicamente a un claro sentido de analogía con el número cinco que corresponde a la perfección del Cuarto Reino, el Reino humano, en esta presente fase de la evolución planetaria, cuya meta reconocida es alcanzar la conciencia átmica en el quinto Plano del Sistema solar. Se hace referencia también a las cinco jerarquías de Angeles con los cuales el ser humano podrá establecer contacto a medida que vaya desarrollando sus sentidos o facultades en los niveles subjetivos de la Naturaleza.

Desde el ángulo de vista esotérico y utilizando el principio hermético de la analogía, podríamos decir que los cinco Continentes de la Tierra están bajo la dirección de cinco exaltados Angeles de categoría espiritual muy similar a la de los Budhas de Actividad, teniendo bajo sus órdenes un increíble número de Devas constructores y espíritus elementales cuya misión es construir, conservar o destruir las formas de acuerdo con el proceso evolutivo o kármico de aquellos Continentes. Cinco Angeles subalternos, aunque de gran evolución espiritual y dependiendo directamente del Centro místico de SHAMBALLA, enfocan las energías superiores de los Rayos involucrados en esta presente Era de grandes oportunidades espirituales, en cinco definidas ciudades del mundo con objeto de irradiar a través de las mismas el poder dinámico de tres esplendentes Entidades cósmicas conocidas esotéricamente bajo los nombres de: el Avatar de Síntesis, el Espíritu de la Paz y el Señor Budha, las cuales preparan el Camino para el Avatar de la Nueva Era. Tales ciudades son: Nueva York, Londres, Ginebra, Tokyo (Japón) y Darjeeling (India).

Podemos decir también que todas las naciones de la Tierra, a igual que cada Continente, están ocultamente dirigidas por un Angel de elevada jerarquía a quien se le asigna esotéricamente el nombre de espíritu nacional. Las características particulares, idiosincrasia y temperamento de los ciudadanos de un país obedecen a ciertas improntas de carácter angélico que le prestan a esta nación su propio e inconfundible sello. Si nos diésemos cuenta de estas motivaciones subjetivas, llegaríamos a distinguir posiblemente las causas profundas de ese espíritu nacional y nuestro grado de afinidad con el mismo, lo cual significaría que nos habríamos puesto en contacto con el poderoso Deva que rige los destinos de un país, reconociendo su directa participación en la elaboración de su lenguaje, tipo racial, temperamento físico y complejo psicológico y teniendo en cuenta, además, que dicho Deva canaliza las corrientes astrológicas de los astros que inciden sobre su particular territorio y condicionan su karma nacional, el cual viene condicionado también por las reacciones psíquicas de cada uno de sus ciudadanos a aquellas impresiones astrológicas o cíclicas. El lenguaje constituye el elemento integrador de un país a través del numerosísimo cortejo de devas menores, cuya misión es escuchar los distintos sonidos que se elevan de la gran masa de sus ciudadanos y según las peculiares reacciones que suscitan en el éter del Espacio, van construyendo lo que podríamos definir como la arquitectura del lenguaje.

Tal como dijimos en otra parte de este Tratado, la civilización, la cultura y la ética de las naciones se refleja en la riqueza expresiva de su lenguaje como medio de relación y participación en las tareas encomendadas a cada uno de los ciudadanos de un país, así como en su capacidad de adaptarlo a las necesidades de comunicación internacional, siendo esta necesidad de comunicación un intento de carácter espiritual programado por el Señor del Mundo para una Era no muy lejana de la nuestra actual, para cuya realización será preciso que las naciones más poderosas de la Tierra, olvidando viejos antagonismos e intereses, se pongan de acuerdo sobre la base común de un idioma internacional basado en las necesidades humanas y en el espíritu de buena voluntad. Estamos plenamente seguros que los grandes Devas familiares aportarían sus profundos conocimientos sobre los sonidos humanos para que dicho lenguaje tuviese eficacia, fuese de fácil adaptación y encarnase un mágico sentido de unión y creatividad.

Lo dicho para las naciones puede ser íntegramente aplicado a los territorios menores que llamamos comarcas, regiones o localidades, siendo de notar que dentro de los límites o fronteras de cada nación la Tierra existe una notable variedad de carácteres y temperamentos, así como inflexiones específicas y muy particularizadas dentro del mismo lenguaje o sistema de expresión que le prestan singulares y determinadas diferenciaciones. Veamos, por tanto, cuan difícil le será a la humanidad llegar a un correcto entendimiento en el orden general planetario cuando tantas y tan diversas variantes existen dentro de las propias fronteras de un país...

Cada espacio terrestre, sea nacional, comarcal o territorial viene regido por sus particulares Devas, los cuales tienen una inexplicable y misteriosa conciencia de su misión. Así, cada lugar de la Tierra, desde el más amable y acogedor hasta el más árido e inhóspito, está ocultamente regido por sus correspondientes entidades dévicas las cuales están haciendo llegar su influencia o radio de actividad magnética a los lugares más ocultos e impenetrables por medio de los elementales constructores a los que hicimos amplia referencia en otras partes de este Tratado. Un hermoso paisaje lleno de verdor y cálido ensueño, lo mismo que el árido y reseco desierto, están ocultamente dinamizados por los Devas, sea cual sea su estirpe o jerarquía, cumpliendo su misión de acuerdo con el karma planetario, pudiendo afirmarse que a medida que la humanidad vaya avanzando en su evolución serán más acogedoras y menos hostiles las condiciones climatológicas y los ambientes sociales del planeta. No habrán entonces zonas inhóspitas, desiertas, yermas o áridas como las de las cercanías de los polos o del ecuador. Las pequeñas voluntades de los hombres, que son parte de la Voluntad de Dios, harán posible que el eje de la Tierra enderezca su posición con respecto al plano horizontal de su eclíptica y se produzca por efecto de ello un estado de armonía general que le depare al conjunto planetario un clima de físico bienestar y ambientes sociales fraternales y correctos para todos los hijos de los hombres.

No estamos traficando con sueños ni nos atraen las visiones exageradamente místicas en las líneas descriptivas de este Tratado. No hacemos sino repetir con diferentes palabras lo dicho y repetido por los grandes Iniciados de nuestro planeta: “. . .La Naturaleza cumplirá su misión de armonía cuando el hombre haya cumplido la suya de paz, fraternidad y justicia”.
 



 

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