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Vicente Beltrán Anglada


A Anna Llucià i Montaner

Ven aquí, más arriba de las cumbres
que coronan las nieves sempiternas
más arriba de cuanto alcanza el ave,
más arriba del sol y las estrellas…

Vicente Beltrán Anglada


 

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MIS EXPERIENCIAS ESPIRITUALES
(Narraciones Esotéricas)


 

PREFACIO

Con este libro, que con el titulo de "NARRACIONES ESOTERICAS" someto a la consideración de Uds., no pretendo otra cosa que introducir al lector, sea cual sea su grado de integración espiritual, en el estudio de la vida que se expresa en otras dimensiones del espacio y que habitualmente no registran nuestros sentidos físicos o mecanismos de percepción externa. Se trata del relato de una serie de hechos y acontecimientos de carácter psíquico y espiritual dentro de los cuales me vi envuelto en el devenir de mi existencia kármica y que por sus especiales características y por la forma en que se produjeron, pueden ser de utilidad para muchos aspirantes espirituales deseosos de introducirse en la vida oculta de su propio ser. Avizorando esta posibilidad, mis relatos no van a ser una mera descripción de hechos o de sucesos históricos, sino que intentarán hallar una lógica explicación de cada uno de ellos y examinar lo más sencilla y profundamente que sea posible la increíble cantidad de factores de carácter psicológico y psíquico que intervienen en la realización de ciertos acontecimientos o experiencias en nuestra vida, originando profundos cambios y positivas transformaciones. Para una mejor aclaración del sentido de tales narraciones voy a clasificarlas de acuerdo con las siguientes motivaciones:

a. Experiencias psíquicas en distintos niveles
b. Experiencias dévicas, o angélicas, de orden corriente
c. Experiencias dévicas de tipo superior
d. Experiencias espirituales de carácter trascendente


a. Las experiencias psíquicas afectan mayormente nuestro campo emocional y hacen referencia a todos aquellos acontecimientos y circunstancias perceptibles y contactables en el plano astral, el cual -como Uds. seguramente sabrán- está constituido por materia agrupada por orden de densidad en siete substratos o niveles. El más elevado contiene substancia emocional de tal extrema sutilidad que escapa por completo a la percepción normal y corriente de los seres humanos. Se trata de aquella elevada zona de integridad emocional que produce - si puedo expresarlo así- los más puros y sublimes sentimientos de armonía y de belleza al alcance de la humanidad evolucionada o de las personas de alta sensibilidad espiritual.

Dentro del orden psíquico tenemos también zonas de muy baja vibración astral en las que la sensibilidad está muy escasamente desarrollada y en donde pueden ser apreciadas formas psíquicas de muy densa objetividad y de muy repulsiva presencia. Ahora bien, examinado el plano astral en orden al concepto clásico de las formas capaces de ser percibidas por el observador clarividente, lo vemos constituido por siete mundos distintos, cada cual con sus propios habitantes: devas, elementales y seres humanos desencarnados, sus propios e inconfundibles paisajes, sombríos unos y profusamente iluminados otros, pero que en su integridad constituyen regiones características, típicamente representativas, que el observador entrenado suele clasificar de la misma manera que lo hacemos geográficamente al examinar las distintas regiones de la Tierra. Aunque al observador superficial pueda aparecer como una ingeniosa utopía, deberé referirme también -de acuerdo con el principio hermético de analogía- a ciertas condiciones expresivas de estos niveles, tales como las edificaciones, muy parecidas a las de nuestras ciudades y pueblos, con sus árboles y jardines y con sus núcleos urbanos en donde se reúnen por afinidad vibratoria los seres humanos desencarnados y todas aquellas huestes dévicas o angélicas misteriosamente enlazadas con el trabajo de construcción de las edificaciones, paisajes, bosques y jardines calcados de la conciencia de los seres humanos que transitoriamente viven en aquellas dimensiones astrales. Extremando todavía más esta analogía, deberé hacer referencia también a cierto tipo de alimentos pránicos ingeridos por los seres que habitan en aquellos niveles, así como al género de aire o de atmósfera que allí se respira, los juegos y diversiones de los niños y las preocupaciones de las personas adultas que viven, se mueven y tienen su razón de ser dentro del karma que regula cada una de aquellas zonas de actividad astral.[Se trata como es natural de las almas de los seres desencarnados, bajo cuerpos de distintas edades, que están aguardando pacíficamente el momento cíclico de una nueva encarnación.] Dichas zonas, con todo su contenido, vienen a ser en cierta manera una proyección de lo que puede ser percibido mediante la clarividencia etérica en los siete subplanos o niveles que corresponden al plano físico.

Muchos de nuestros sueños aparentemente enigmáticos proceden y son registrados de uno u otro de los siete subplanos astrales y la calidad de los mismos dará seguramente razón del nivel en que tuvieron lugar, conteniendo a veces enseñanzas que seguramente jamás fueron debidamente aprovechadas. El encuentro con personas fallecidas, nuestras conversaciones con ellas, el contacto con otros seres -probablemente no humanos- y el registro en nuestra memoria de lugares y edificaciones que más adelante, durante el proceso normal y natural de la conciencia vigílica, solemos percibir, son un indicio de nuestra relación personal y vivencial con estas zonas astrales del espacio cósmico y la prueba de que en tales niveles existen verdaderas proyecciones de todo cuanto existe y de cuanto sucede en el plano físico, siendo absolutamente válida aquí la conocida afirmación hermética, base de la analogía, “igual es arriba que abajo, igual es abajo que
arriba”.

b. Experiencias dévicas de orden corriente. Podemos incluir bajo la designación de experiencias dévicas todas aquéllas que hacen referencia a contactos más o menos conscientes con ángeles o devas en ciertos definidos niveles: etéricos, físicos, astrales y mentales, constituyendo tales contactos unos intentos jerárquicos de unificar las dos corrientes de vida, humana y dévica, que constituyen el nervio de la evolución planetaria. Frecuentemente, y sin que la mayoría de las veces sea consciente de ello, el ser humano establece contacto con los devas más afines con su naturaleza psicológica y con su grado de desarrollo espiritual. Las entidades dévicas más cercanas a la vida evolutiva de la humanidad son las siguientes:

i. Devas elementales constituyendo el aspecto etérico de todas las formas e indisolublemente vinculados con los elementos naturales en la vida de la Naturaleza, es decir, la tierra, el agua, el fuego, el aire y el éter y esotéricamente definidos como gnomos, ondinas, salamandras, sílfides, etc.

ii. Devas constructores de los ambientes sociales de la humanidad y que suelen ser los eternos comunicadores de las cualidades astrológicas de los astros que rigen el comportamiento psicológico de los seres humanos.

iii. Devas familiares de diversos grados de evolución, llamados esotéricamente “Ángeles Guardianes. Cada uno de tales Ángeles está misteriosamente vinculado con la vida de un ser humano, estando muy unido y compenetrado con el aura etérica de éste de acuerdo con su grado de evolución y la naturaleza particular de su karma.


Algunas de estas experiencias son tan sencillas y naturales que habitualmente no hacemos conciencia de ellas.

La actividad de los devas se extiende desde los llamados fenómenos naturales, tales como la formación de las nubes, del viento, de la lluvia, de los relámpagos, del rayo y del trueno, así como del florecimiento de los árboles, de la dádiva de los frutos, etc., hasta las más elevadas expresiones del pensamiento y de los sentimientos humanos. El día que la humanidad pueda registrar conscientemente la actividad angélica en la vida de la Naturaleza, abrirá su mente y su corazón a las grandes corrientes de Vida universal que deben llevarle a la liberación.

Las actividades dévicas de orden corriente en la vida de la humanidad y en la de los Reinos subhumanos, mineral, vegetal y animal, se realizan en los niveles etéricos. Los demás niveles, astral y mental, son más sutiles que los comúnmente registrados por la humanidad y constituyen zonas de conciencia veladas todavía por el misterio. Sin embargo, son cada vez más numerosos los seres humanos que pueden establecer contacto con devas de gran evolución espiritual habitantes de aquellas regiones del espacio.

c. Experiencias dévicas de tipo superior. Se realizan normalmente en los subplanos superiores de los planos astral y mental. Sin embargo, para la humanidad muy evolucionada y espiritualmente integrada, existen niveles superiores de expresión angélica en ciertos subplanos del llamado ocultamente plano búdico. Un sencillo ejemplo: el estado natural de Samadhi lo experimenta el verdadero Yogui, o perfecto Iniciado, en el cuarto subplano del plano búdico. He aquí las jerarquías dévicas de tipo espiritual que suelen contactar los seres humanos muy evolucionados, discípulos espirituales e Iniciados:

i. Los Ángeles Solares, llamados esotéricamente Agnisvattas, constituyendo una jerarquía superior en la vida oculta de nuestro planeta.

ii. Los Ángeles de la Revelación

iii. Los Ángeles del Contacto Místico

iv. Los Ángeles del Destino, relacionados con la obra planetaria de los Señores del Karma


Durante el curso de estas “Narraciones Esotéricas” tendremos ocasión de considerar algunas de las singularidades expresivas -más afines con la evolución espiritual del hombre- que adornan la vida de estos esplendentes Devas superiores.

d. Experiencias espirituales de carácter trascendente. Tienen que ver muy concreta y definidamente con la vida espiritual del ser humano, desde que ingresa en un Ashrama de la Jerarquía hasta el establecimiento del contacto consciente y permanente con el Yo superior o Ángel solar de su vida y la prolongación de este contacto hasta llegar a la etapa definida como de “discípulo en el Corazón del Maestro”, condición precisa para poder alcanzar la Iniciación. Tales son las etapas necesarias, esotéricamente registradas:

i. La del discípulo en probación, con la que se abre un ciclo de precipitación kármica

ii. La del discípulo aceptado, del que se debate en las crisis subsiguientes al proceso de precipitación

iii. La del discípulo en el Corazón del Maestro. Corresponde a la etapa de quien se prepara para la Iniciación y que está venciendo progresivamente todas las crisis de su vida

iv. La del discípulo Iniciado, en las distintas iniciaciones, que ha de convertirse en la Luz del Propósito insigne de la Divinidad planetaria


Todas estas experiencias de orden espiritual trascendente tienen una repercusión inmediata en la evolución de los chacras etéricos y en las glándulas endocrinas de quien las realiza. Arrancan del proceso general de la evolución del Universo y tienen por objetivo convertir al ser humano en un alma iluminada, en aquella maravillosa eclosión humana que ocultamente definimos como ‘‘un Testigo de la Luz’’ y ‘‘un Servidor del Plan”.

Espero que podrán hallar Uds. durante el curso de estas Narraciones -que son experiencias propias y están avaladas por tanto por mi íntima responsabilidad espiritual- ciertas líneas de semejanza con algunas experiencias realizadas por Uds. mismos en uno u otro de los niveles reseñados y que no tuvieron oportunidad quizás de darles su adecuada explicación técnica en el momento que se produjeron. Si es así me sentiré satisfecho de haber podido ayudarles en el sentido de una correcta interpretación. El mundo espiritual -en donde indistintamente nos movemos todos- es de participación activa dentro de un destino común. La ayuda mutua es la ley que regula el equilibrio de ese mundo y todos, sea cual sea el desarrollo moral e intelectual de nuestras vidas, participamos íntimamente de sus beneficios. Yo soy el primero en reconocer humildemente lo mucho que he sido espiritualmente ayudado durante el curso de mi existencia. Debo repetir por tanto lo que he dicho ya en el Prefacio de mis otros libros y es que jamás he pensado que mi trabajo esotérico fuese únicamente la obra de un solo individuo, sino que lo he reconocido siempre como una labor de grupo en la que intervinieron una multiplicidad de personas, de hechos y de circunstancias que hicieron posible su exteriorización.

Mi sentida plegaria va hacia todos mis amigos -en todos los niveles- que a través de sus propias vidas y experiencias me ayudaron a descubrir la Verdad que arde en la existencia de toda criatura viviente y en el devenir del más aparentemente insignificante acontecimiento temporal, para poder escuchar así el supremo Canto de la Vida dentro del Corazón.

Vicente Beltrán Anglada
En BEGAS, Barcelona, bajo el Signo de LEO de 1981

 

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